| "Los olvidados de los olvidados", la historia de miles de enfermos mentales africanos y un loco, en Odisea | |
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Hombres, mujeres y niños, encadenados, la mayoría a la intemperie, privados de comida y agua, algunos de ellos azotados regularmente; o abandonados en las ciudades desde niños por sus propias familias. Esta es la situación en la que se encuentran la mayoría de los enfermos mentales africanos, desde esquizofrénicos graves a simples epilépticos. Una realidad desconocida incluso para la mayoría de africanos, ya que las familias afectadas los esconden por vergüenza o superstición. A partir de la impresionante historia de un hombre, Grégoire Ahongbonon, un reparador de neumáticos africano, que un día decidió dedicarse por completo a la misión de rescatar, curar y reinsertar a los olvidados de los olvidados, a los enfermos mentales africanos, Odisea estrena en exclusiva el próximo miércoles 25 de mayo a las 18:00 horas, esta coproducción dirigida por Carles Caparrós. La enfermedad mental en África En el continente más pobre del planeta, sin cobertura pública sanitaria, en el que los enfermos deben pagar alimentos y medicinas; sin apenas hospitales psiquiátricos (sólo uno abierto en todo Costa de Marfil), las familias recluyen a los enfermos mentales en su propia casa o, para evitar el peligro para la comunidad y para los enfermos mismos, optan en la mayoría de casos por encadenarlos a la intemperie. La mayoría prácticamente no ingiere alimentos. Algunos cuentan con una manta y un plástico para la lluvia. Bajo la presión de gurús de sectas locales, algunas familias aceptan verse liberadas de la carga que les supone el enfermo. Los encadenan a un árbol y, para exorcizar al diablo, los someten a latigazos en cada crisis y a ayunos de 3 y 4 días a la semana. Asimismo, algunos son abandonados en una gran ciudad y rondan por las calles malviviendo de las basuras y de la caridad. Grégoire Ahongbonon, la historia de un loco Nacido en Benin y emigrado más tarde a Costa de Marfil, donde reside actualmente, Grégoire Ahongbonon comenzó como reparador de neumáticos. Más tarde, se dedicó a invertir en taxis y a ganar dinero, pero lo perdió todo y entró en una depresión severa, que le llevó a intentar suicidarse. Un misionero católico, viendo su situación, lo invitó a sumarse a una peregrinación a Jerusalén. En Tierra Santa, Grégoire llegó a la conclusión de que quería dedicar el resto de su vida a ayudar a la gente, a los más pobres. En 1983 creó, en Bouaké, Costa de Marfil, la Asociación Saint Camille de Lellis para ayudar a los enfermos (en general, no sólo mentales) sin medios económicos del hospital de esa ciudad. En 1991 la asociación se abrió a la asistencia a los presos, a los enfermos de SIDA y a los refugiados de guerra de la vecina Liberia. Finalmente, en 1993, inicia la actividad más extraordinaria: liberar, curar, rehabilitar y reinsertar social y laboralmente a los enfermos mentales africanos. Además de los centenares que viven en sus centros de acogida, hay más de 15 mil enfermos ya recuperados y reintegrados en sus familias, a los que la Asociación hace un seguimiento periódico y facilita la medicación necesaria para evitar recaídas. Entrevista a Grégoire Ahongbonon ¿Cuál es la actitud de los países africanos hacia los enfermos mentales? “En África los enfermos mentales son abandonados y la gente les tiene miedo. Yo también los tenía miedo pero, un día, vi a un enfermo en la calle, desnudo, buscando comida. En aquella persona me vi a mi mismo y me di cuenta de que era igual que yo. Cuando ves al enfermo como alguien como tú, dejas de tenerle miedo”. ¿Cuál es la actitud de esos enfermos, qué sienten? “Ellos se preguntan qué delito han cometido a parte de caer enfermos. No entiendo cómo en el siglo XXI pueden existir estas realidades, no entiendo que los enfermos mentales puedan ser encadenados. Es una vergüenza para los africanos pero también ha de serlo para el resto de la humanidad. El mundo debe despertar”. ¿Qué opinión tiene de la locura como enfermedad? “La locura es una enfermedad como cualquier otra”. “Cuando reciben tu confianza, los enfermos mentales te abren el corazón y te lo dan todo. Es más fácil convivir con ellos que con muchos no enfermos”. |

Hombres, mujeres y niños, encadenados, la mayoría a la intemperie, privados de comida y agua, algunos de ellos azotados regularmente; o abandonados en las ciudades desde niños por sus propias familias. Esta es la situación en la que se encuentran la mayoría de los enfermos mentales africanos, desde esquizofrénicos graves a simples epilépticos. Una realidad desconocida incluso para la mayoría de africanos, ya que las familias afectadas los esconden por vergüenza o superstición. 







