| TCM Clásico se convierte al marxismo por un día | |
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Durante mayo del 68 una pintada provocaba la sonrisa de los estudiantes que se manifestaban por las calles de París. “Soy Marxista, tendencia Groucho”, se podía leer en algunas paredes. La frase era algo más que una provocación, significaba que el humor corrosivo de Groucho Marx y de sus hermanos Harpo y Chico era también una forma de entender la vida y el mundo.
Esta tarde TCM Clásico se “convierte” definitivamente a este cinematográfico “marxismo” dedicando la tarde y la noche de su programación a estos geniales e irreverentes intérpretes con la emisión de algunos de sus mejores filmes. “Partiendo de la nada he llegado a la más absoluta miseria”, decía Groucho Marx en Sopa de Ganso. Una frase que no fue del todo cierta en la vida real. Los Hermanos Marx nacieron en el seno de una familia modesta. Su padre era un sastre que, según Groucho, “exploraba barrios donde no le conocieran”. Su madre, una emigrante alemana que soñaba con un futuro artístico para sus hijos. Siendo unos adolescentes, los hermanos Marx debutaron con números musicales bajo el nombre de “Los cuatro ruiseñores” en teatros de variedades. Poco a poco fueron desarrollando en sus espectáculos un sentido del humor absurdo y radical que les hizo muy populares por todo el país y les facilitó su salto al cine. En 1929 debutaron en las pantallas con The Cocoanuts (Los Cuatro Cocos). Desde entonces sus personajes quedaron plenamente definidos. Harpo era mudo pero podía sacar cualquier objeto, por increíble que fuera, del interior de su gabardina. Chico, con su pequeño sombrero, tenía pinta de tramposo y liante. Mientras que Groucho, con su levita, su bigote, su imparable verborrea y su devoción por las mujeres, convertía cualquier situación normal en un enorme disparate. El puro que llevaba siempre en la boca era un truco de viejo comediante. “Si te olvidas de una línea, todo lo que tienes que hacer es ponerte el cigarro a la boca hasta que te acuerdes del diálogo”, decía. Al trío se unía a veces Zeppo, que interpretaba a un serio galán. Así nacieron trece películas, algunas de ellas obras maestras del cine de humor absurdo como Una noche en la ópera, Una tarde en el circo, Sopa de Ganso o Los hermanos Marx en el Oeste. En todas encontramos frases ingeniosas y diálogos que nunca pasan de moda y que forman parte de nuestro habla común. Porque ¿quién no ha estado alguna vez en un pequeño y abarrotado lugar como “el camarote de los hermanos Marx”, ha pedido “más madera” o se ha encontrado con un ilegible contrato que incluyera una “parte contratante de la primera parte”? En ese sentido todos hemos sido alguna vez convencidos “marxistas”. Películas que se van a emitir |

Durante mayo del 68 una pintada provocaba la sonrisa de los estudiantes que se manifestaban por las calles de París. “Soy Marxista, tendencia Groucho”, se podía leer en algunas paredes. La frase era algo más que una provocación, significaba que el humor corrosivo de Groucho Marx y de sus hermanos Harpo y Chico era también una forma de entender la vida y el mundo.








